El Día 2026 se dedica a

Alberto Fortuzzi

Alberto Fortuzzi

Alberto Fortuzzi

Se formó como actor en la escuela de Alessandro Fersen en Roma. Su actividad profesional comenzó en 1975 en el Teatro Stabile di Bolzano. Tras una temporada en el Teatro Stabile, conoció en Roma a Kate Duck, recién llegada de la experiencia con The Fools de Ámsterdam, junto a Carlos Trafic y Jango Edwards, con quien descubrió el maravilloso mundo del clown. En 1979 se trasladó a París, donde tuvo la fortuna de formarse en la escuela de Jacques Lecoq, considerado en aquel entonces el mayor maestro de clown del mundo. En 1982–83 participó en diversas producciones con la compañía de clown Théâtre du Malentendu. En 1985, tras colaborar con varias compañías francesas, tuvo la oportunidad de tener como maestro al propio Dario Fo. Al pasar a la Commedia dell’Arte, interpretó durante varios años el papel de Arlecchino en El servidor de dos amos de Goldoni. Este recorrido artístico culminó en el año 2000 con una puesta en escena de la misma comedia, en la que Arlecchino (interpretado una vez más por él mismo) abandonó la tradicional media máscara para adoptar la nariz de clown. En los años siguientes, gracias a una colaboración con el Conservatorio “Hanns Eisler” de Berlín, se dedicó a la dirección operística. Falstaff (Verdi), Don Giovanni (Mozart) y Ariadna en Naxos (Richard Strauss) representaron la culminación de un sueño largamente acariciado. Tras los años en el conservatorio, regresó a los escenarios en 2008 con Francisco, juglar de Dios de Dario Fo, producción del Theater Rotwelsch Reutlingen. El éxito de la obra dio lugar a una extensa gira por Alemania, con más de 100 funciones. Entre 2009 y 2014, volvió a la dirección con George Dandin de Molière, Candide de Voltaire y La mandrágora de Machiavelli, producciones del Monbijou Theater Berlin. Desde 2016, trabaja en proyectos de teatro social en regiones de la antigua Alemania Oriental. En estos talleres introduce las técnicas del clown a jóvenes desempleados, ayudándoles a recuperar una creatividad que, en más de un caso, les ha permitido retomar las riendas de su propia vida.

En memoria de Alberto Fortuzzi

Testimonios

  • TonyNardi

    Es difícil medir hasta qué punto Alberto influyó en mi manera de pensar, de trabajar y de vivir. Algunas personas entran en nuestra vida sin necesidad de estar frente a nosotros para que su presencia se haga sentir, para tener un impacto cotidiano en nosotros. Alberto fue así para mí. En un país (Canadá) saturado de clichés sobre determinadas metodologías de actuación —en particular la Commedia dell’Arte —, Alberto llegó en el momento justo. Todo ocurrió por casualidad, o al menos así me gusta pensarlo. Pero ¿fue realmente una casualidad? Siempre he considerado aquel viaje a Roma, en 1985, como un punto de inflexión fundamental. No estaba buscando a un maestro. Buscaba algo que aún no sabía nombrar. Alberto no ofrecía respuestas fáciles ni fórmulas prefabricadas. Ofrecía, en cambio, una presencia rigurosa, una inteligencia aguda y un profundo respeto por el arte y por el ser humano que lo practica. Lo que hacía único a Alberto no era solo su conocimiento enciclopédico de la Commedia dell’Arte, sino su capacidad para hacerla viva, necesaria, contemporánea. Nunca fue arqueología teatral. Era un lenguaje palpitante, una disciplina exigente, un camino de conocimiento. Alberto no enseñaba personajes. Enseñaba estructuras interiores. Enseñaba el cuerpo como lugar del pensamiento, el gesto como acto ético, la máscara como instrumento de verdad. No buscaba la imitación, sino la transformación. Tenía una manera muy particular de observar. Podía parecer severo, a veces impenetrable, pero detrás de esa mirada había una ironía sutil y una generosidad poco común. Nunca te decía qué hacer. Te colocaba en la situación de descubrir por ti mismo qué no funcionaba. Muchos hablan de método. Alberto hablaba de responsabilidad. Responsabilidad hacia el cuerpo, hacia la escena, hacia el público, hacia la tradición y, sobre todo, hacia uno mismo. Trabajar con él significaba aceptar el desafío de cuestionarse, sin atajos. Aún hoy percibo cuánto su voz sigue resonando en mi trabajo cotidiano. En una pausa. En una elección aparentemente mínima. En un silencio. No como un dogma, sino como una pregunta abierta. Es difícil aceptar que ya no esté aquí. Demasiado pronto. (22 de abril de 2025)


Video

https://www.youtube.com/watch?v=ZbmBBrYZj-8
https://www.youtube.com/watch?v=ZbmBBrYZj-8

"George Dandin" von Molière, Bearbeitung Alberto Fortuzzi und Winni Victor